lunes, septiembre 26, 2022
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¿En política? Es todo marketing, idiota

Hay una diferencia básica cuando se oye hablar a Casado y a Ayuso. Hay mucha gente, cada vez más, que gusta más de ella que de él como figura política para defender las ideas en las que creen. La mayoría, en cambio, no sabría poner en palabras por qué. «Esta me gusta». «Este no me acaba de convencer». Los más atrevidos en la descripción llegan a tildar de «blando» a un chaval que, por lo demás, le ha lanzado y le sigue lanzando gordas invectivas (sobre todo si se leen sus discursos, mejor que escucharlos) a Sánchez, Podemos y en general a los integrantes de la actual amenaza sociocomunista para el futuro de España, los españoles y sus hijos. ¿Entonces? ¿Qué falla en el de la barba (que antes no tenía y que puede que se vuelva a afeitar, quién sabe)?

Les diré qué diferencia a Casado de Ayuso: la proactividad. Cuando uno está en la oposición (y a efectos nacionales Ayuso lo está, de hecho es la líder de facto de la oposición nacional) debe luchar cual salmón en río para que la fuerza arrolladora de quien tiene toda la maquinaria gubernamental (más las Autonomías y el resto de entes públicos nacionales, más los privados que se suman con cada cambio de legislatura) no le lleve en la dirección que ha planeado. Mire: cuando un gobernante, que maneja la cuota más importante de agenda del país, lanza una medida, una declaración, un globo sonda o cualquier acción política (o de marketing político) ya ha calibrado y computado, como debe hacerse en la partida de ajedrez infinita que es la política, la respuesta de su adversario. Y puede que la segunda y tercera respuesta tras sus correspondientes contestaciones. Eso le otorga control y, bien jugado, como sabe jugar Iván Redondo (de cuyas capacidades y falta de ellas podríamos hablar largo y tendido), convierte a tus rivales en peleles que manejas a tu antojo. Eso Ayuso lo sabe. Casado, no.

Por eso mucha gente, de forma inconsciente, asocia a Ayuso con Vox: porque, desde la oposición, Vox es proactiva, no reactiva (tomemos como uno de los mayores ejemplos la moción de censura, donde lo menos importante era el resultado, sabido de antemano: ¿se entiende lo valioso que es tener la iniciativa y la dirección de la agenda nacional, siquiera durante 3 días?). Como Ayuso.

Todo esto de la proactividad liga con básica, buenas y conocidas prácticas de marketing, marketing político. Ahí, si estuviéramos en 2015, veríamos a un Ciudadanos crecido, recibiendo premios en EEUU precisamente por su forma de entender la comunicación política. Eso, por supuesto, pasó, se acabó, se lo cargaron desde dentro (con ayuda de Sánchez). Y Casado, mientras se enfrenta y afrenta a la única posibilidad de conjurar la amenaza socialcomunista (Vox), acoge en su seno a uno de los responsables de la caída del partido naranja, Fran Hervías.

Verdaderamente los populares tienen una tremenda papeleta, sentada en el sillón del presidente del partido. ¿En política? Es todo marketing, idiota.

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