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sábado, abril 10, 2021
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De profesión: feminista

Acudo atónita a una alienación del concepto de feminismo. El feminismo es igualdad, hemos dicho siempre las mujeres feministas que, con trabajo, y sí, también esfuerzo y reivindicación, nos hemos desarrollado dentro de nuestras profesiones, de nuestra vida, reivindicando los mismos derechos que nuestros compañeros varones. 

Sí, claro que hay desigualdad. No entre profesiones dentro del funcionariado, en las que los baremos están claros, pero sí las hay en muchas otras profesiones, carreras y dentro de empresas, tanto grandes como pequeñas. Ahí es donde está la lucha, la reivindicación y, por supuesto, el esfuerzo de desgañitarse, si hace falta, para sacudir la conciencia de quien no toma como semejante y capaz, a una mujer. Ocurre especialmente en carreras técnicas, ingenieros, arquitectos… siempre mejor considerados si son varones y a igual categoría dirigirse a él en vez de a ella en una reunión. 

Existe también ese machismo de mirar al varón y no a la mujer en una reunión, de dar por sentado que él es el elemento fuerte de una alianza de socios o de equipo.

A veces me pregunto si en un momento de vida o muerte haríamos distinción de género entre el sanitario que nos atiende. Creo que pensaríamos sólo en que resultase una atención magnífica por parte del profesional que tenemos delante.

A lo largo de la historia hemos tenido que reivindicar mucho nuestros derechos y tenemos que seguir haciéndolo.¡Por supuesto!

 Ahora bien, me cuestiono profundamente ese feminismo que habla de sororidad y sólo valora a feministas de carrera. Sí, de carrera, no a la que está trabajando en su puesto de formación día a día luchando por la conciliación o por la igualdad salarial.

Lo veo en muchos sectores. Mujeres que maltratan a mujeres válidas, profesionales y que demuestran su feminismo día a día dentro de su campo y a favor de las que sólo llevan la bandera de feminismo como aval, como discurso, como lema y como reivindicación…

Luchemos por un feminismo integrado. Un feminismo que realmente demuestre lo que reivindicamos: que somos iguales en derechos y oportunidades.  Porque no, no somos iguales. Nuestro género es distinto, y como distintos y complementarios debemos entendernos. Pero, por supuesto, como individuos con las mismas capacidades, derechos y oportunidades entre nosotros.

¿Qué pasa con todas las mujeres que comprendemos nuestras diferencias pero luchamos por los mismos derechos? ¿Qué pasa con las que luchamos desde nuestras sillas de despacho, desde nuestros centros de trabajo y no gritando, mostrando nuestros pechos o increpando a nuestros compañeros? ¿Las que día a día, ante un gesto machista, o de desigualdad, lo abordamos para corregirlo? ¿Por qué debemos ser consideradas feministas de segunda, o de tercera? 

De pronto, tenemos compañera, sin igual capacitación que otras mujeres, que son llamadas a puestos de trabajo para los que no tienen trayectoria o currículo solo por una línea curricular, una para la que nadie valida: soy feminista.

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